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CIENCIA Y CULTURA

La revolución silenciosa de Johannes Gutenberg con el invento de la imprenta

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Considerada un hito en la historia de la humanidad moderna, el descubrimiento del alemán contribuyó a la divulgación masiva del conocimiento en los libros

Ilustración de "Johannes Gutenberg imprimiendo la primera hoja de la Biblia"
Ilustración de «Johannes Gutenberg imprimiendo la primera hoja de la Biblia»STEFANO BIANCHETTI / GETTY

ALBERTO LÓPEZ

14 ABR 2021

El País

Hay un antes y un después para la humanidad tras la invención de la imprenta a finales del siglo XV. El alemán Johannes Gutenberg logró con ella realizar uno de los descubrimientos más importantes de la historia. Antes de su utilización, en la Edad Media, la única forma de escritura de los libros era a mano y la producción de varios ejemplares se llevaba a cabo por el arduo procedimiento de escribirlos al dictado. El resultado eran obras únicas, costosas y de muy limitada difusión, solo al alcance de una élite alfabetizada.

La imprenta jugó un papel clave en el avance del Renacimiento, la Reforma Protestante y la Era de la Ilustración, hasta el punto de hablar de la era Gutenberg por su trascendencia. Considerado el padre del diseño gráfico y el hombre del milenio, el artesano alemán fue capaz de sintetizar y de dar forma a los elementos mecánicos ya existentes y convertirlos en un producto económico y práctico. A Gutenberg le debemos la creación del primer libro impreso de difusión masiva: la Biblia de 42 líneas y el impulso vital que ofreció a la humanidad gracias a su descubrimiento.

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Sin embargo, gran parte de la vida de Johannes Gutenberg está envuelta en el misterio a pesar de ser él el artífice de facilitar la expansión del conocimiento y de convertirlo en accesible para el común de los mortales. Los hechos aislados que salpican su vida y de los que hay registro hablan de un artesano emprendedor que tuvo que reinventarse varias veces en su vida tras fracasar en algunos de sus negocios y que murió pobre y posiblemente ciego.

Johannes Gensfleisch zur Laden zum Gutenberg, su verdadero nombre, nació en Maguncia (Alemania) entre los años 1394 y 1404. En el momento de la celebración en su ciudad natal del Festival de Gutenberg, en 1900, se eligió como fecha de cumpleaños oficial, aunque simbólica, el 24 de junio de 1400.

Gutenberg fue el segundo de tres hijos del comerciante Friedrich Friele Gensfleisch zur Laden, que trabajaba como orfebre para el obispo de Maguncia, y de su segunda esposa, Else Wyrich zum Gutenberg. Johannes decidió cambiarse el apellido original Gensfleisch, cuyo significado se asemeja a carne de ganso, por el de soltera de su madre y con el que pasó a la posteridad.

Casi nada se sabe de su infancia ni de su juventud, salvo algún registro local que indica que Johannes Gutenberg fue aprendiz de orfebre mientras vivía en Maguncia. Casi con total seguridad ayudó a su padre en sus labores para la Iglesia y por sus trabajos posteriores, con total seguridad en su formación aprendió a leer y a escribir tanto en alemán como en latín. También hay registro de que cuando estalló una revuelta de artesanos en Maguncia contra la clase noble en 1428, toda la familia se trasladó a lo que hoy corresponde a Estrasburgo, en Francia.

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Fue una carta escrita por él en marzo de 1434 la que da de nuevo la pista al indicar que vivía con los parientes de su madre en Estrasburgo. En esa época comenzó con sus experimentos con la imprenta, tras un negocio fallido de espejos de metal pulido. Al parecer Gutenberg se involucró en una empresa que hacía espejos de metal pulido para venderlos a los peregrinos que asistían a un festival en la ciudad alemana de Aquisgrán para ver la colección de reliquias del emperador Carlomagno. Se creía que los espejos capturaban la luz sagrada, que de otro modo sería invisible, emitida por las reliquias religiosas. Sin embargo, cuando el festival se retrasó durante más de un año por las inundaciones, el dinero prestado y ya gastado para hacer los espejos no lo pudo devolver.

Para salvar el bache económico se cree que Gutenberg prometió contarles un secreto a sus prestamistas que los haría ricos. Muchos historiadores piensan que el secreto de Gutenberg era su idea de la imprenta, presumiblemente basada en un lagar de vino, usando tipos de metal móviles.

Los historiadores piensan queJohannes Gutenberg reveló el secreto de su imprenta en un libro titulado extrañamente Aventur und Kunst (Empresa y arte). No se sabe si realmente había intentado muchas veces, o tenido éxito alguna de ellas, la impresión de tipos móviles en ese momento. Sin embargo, en 1448, y de nuevo mudado a Maguncia, comenzó a montar una imprenta que se convirtió en la primera de tipos móviles en funcionamiento con la ayuda de un préstamo de 800 florines.

El manuscrito más antiguo que se conserva de la primera imprenta de Gutenberg es el de un fragmento del poema La profecía de la sibila, que se realizó utilizando el tipo de letra más antiguo de Gutenberg. La página, que incluye una mesa planetaria para astrólogos, fue encontrada a fines del siglo XIX y donada al Museo Gutenberg en Maguncia en 1903.

Aunque los tipos móviles se habían utilizado en Asia cientos de años antes, la innovación de Gutenberg fue el desarrollo de un sistema de fundición y aleaciones metálicas que facilitaron la producción. Uno de los primeros proyectos emprendidos por la nueva imprenta de Gutenberg fue la impresión de miles de indulgencias para la iglesia Católica: instrucciones para reducir la cantidad de penitencia que uno debe hacer para ser perdonado por varios pecados.

Mientras que los impresores usaban hasta ese momento tipos móviles hechos de bloques de cerámica o madera durante siglos, a Gutenberg se le atribuye la invención de la impresión práctica de tipos metálicos móviles. Consistía en que en lugar de utilizar bloques de madera tallados a mano individualmente, Gutenberg hizo moldes de metal de cada letra o símbolo en los que podía verter el metal fundido. Se podrían producir grandes cantidades de cada letra de metal moldeado mucho más rápidamente que las letras de madera tallada. De este modo se podían imprimir varias páginas diferentes utilizando las mismas letras.

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En diciembre de 1452 Johannes Gutenberg estaba muy endeudado y no podía pagar el préstamo recibido, así que se redactó un nuevo acuerdo que convirtió al prestamista en socio del negocio de Gutenberg. Años más tarde, en 1455, y ante el impago de la deuda, el prestamista presentó una demanda y, aunque los registros judiciales son incompletos, se piensa que en las jornadas en las se desarrolló el juicio Gutenberg pudo imprimir su obra maestra, la Biblia de 42 líneas, conocida como la Biblia de Gutenberg. Las Biblias de Gutenberg estaban limitadas a solo 42 líneas por página por el tamaño de la fuente, que aunque era grande, también hacía que el texto fuera extremadamente fácil de leer. Esta facilidad de lectura resultó especialmente popular entre el clero.

Al final, el tribunal falló en su contra y permitió al financiador apoderarse de la imprenta como garantía, que continuó imprimiendo las Biblias de Gutenberg de 42 líneas, logrando publicar alrededor de 200 copias, de las cuales solo existen 22 en la actualidad.

Prácticamente arruinado, se cree que Gutenberg abrió una imprenta más pequeña en la ciudad de Bamberg alrededor de 1459, pero después de 1460 vuelve a desaparecer su rastro, por lo que parece que abandonó la imprenta por completo, quizás como resultado de su ceguera. Pero lo que sí está escrito es que en enero de 1465 el arzobispo de Maguncia reconoció los logros de Gutenberg otorgándole el título de Hofmann, un caballero de la corte. El honor le proporcionó un estipendio monetario continuo y vestuario, así como comida y vino libres de impuestos.

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Johannes Gutenberg murió el 3 de febrero de 1468 en Maguncia. Fue enterrado en el cementerio de la iglesia franciscana con escaso reconocimiento y cuando tanto la iglesia como el cementerio fueron destruidos en la Segunda Guerra Mundial su tumba se perdió.

Tal día como hoy, en el año 2000, el Museo Gutenberg en su ciudad natal inauguró una exposición retrospectiva en su honor. Pero la figura de Gutenberg siga viva y no solo en la multitud de estatuas repartidas por el mundo sino, sobre todo, en el homenaje continuo que supone el Proyecto Gutenberg, la biblioteca digital más antigua, y que contiene más de 60.000 libros electrónicos gratuitos.Se adhiere a los criterios de

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Pepe Maeda : la ciencia en el periodismo televisivo y redes.

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Pepe Maeda : Reflexiones y La riqueza geológica de las quebradas en el valle La Leche

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Tuertos en un país de ciegos

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Bien dicho, en especial con la mediocridad de Hildebrandt en un país de incultos (El Oidor)

  •  El Montonero – 22 DE DICIEMBRE DEL 2015

Sobre la charla entre Marco Aurelio Denegri y César Hildebrandt

El evento cultural más importante de la semana pasada en nuestro país fue la transmisión por televisión estatal de la tan esperada conversación entre los periodistas César Hildebrandt y Marco Aurelio Denegri (MAD). Un encuentro que había generado gran expectativa entre los televidentes, pues tanto Hildebrandt como Denegri son, entre las personalidades relacionadas con los medios masivos, quienes más prestigio “cultural” tienen actualmente. La conversación se difundió el miércoles a las diez de la noche, en el programa “La función de la palabra” que conduce Denegri. Y aunque para nosotros resultó una verdadera decepción, la mayoría de comentaristas “periodísticos” (tan acostumbrados a las exageraciones) quedaron tan deslumbrados como si hubieran asistido a un debate filosófico entre Sócrates y Platón.

Para empezar, habría que señalar que tanto Hildebrandt como Denegri son periodistas y no intelectuales “académicos”. Los dos han pasado por la universidad, pero no llegaron a culminar sus estudios ni a titularse. Eso sí, ambos parecen ser voraces lectores y sentirse más a gusto en el mundo libresco que en el real. Pero los intelectuales “no académicos” suelen tener un problema: sus lecturas son demasiado dispersas u disparejas, por lo que su “cultura” suele tener grandes vacíos y apoyarse en textos que ya han sido completamente superados. Algo especialmente notorio en el caso de Denegri, cuyos referentes siempre son libros pseudocientíficos publicados hace más de medio siglo y que ya nadie lee.

Por ejemplo, una de las “ideas” recurrentes de Denegri es que el mundo es cada vez peor y que la propia humanidad está en un acelerado proceso de decadencia. Eso es una mala lectura de las reflexiones de algunos autores europeos, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Sobre el momento histórico actual, antes que el pesimismo de Denegri, preferimos el optimismo del británico Agnus Deaton, Premio Nobel de Economía 2015, quien afirmó en uno de sus libros que “la vida es mejor ahora que en cualquier momento de la historia. Más gente es más rica y menos personas viven en la pobreza extrema. Las vidas son más largas y los padres ya no ven habitualmente a una cuarta parte de sus hijos morir”.

Volviendo al encuentro Denegri – Hildebrandt, los televidentes pudimos apreciar como el primero llevó (según su costumbre) la conversación a ese tema (el de la decadencia actual de la humanidad) y que Hildebrandt aceptó esa propuesta. Pero Denegri (acaso por la edad) no fue capaz de “dialogar”, y a las palabras de su interlocutor, siempre cargadas de citas y alusiones a escritores, respondía simplemente con alguna trivialidad sobre el autor mencionado. La dinámica de los diversos pasajes de la conversación fue más o menos la siguiente: 1) Denegri plantea su visión “apocalíptica” sobre algún tema (la civilización, el periodismo, la política, la televisión). 2) Hildebrandt le da la razón, pero matiza un poco el pesimismo radical, mencionando a varios autores 3) Denegri recuerda alguna anécdota o cita completamente trivial de algunos de esos autores. 4) Hildebrandt se suma al recuento de anécdotas “ligeras”.

En un pasaje de la conversación, opinando sobre el periodismo actual, se llegó a mencionar a Borges. En ese momento, Denegri recordó que en las conversaciones entre Borges y Bioy Casares (recogidas en un libro), el primero llega a contar algunas anécdotas “groseras”. Y en esas supuestas groserías borgeanas concluyó el debate (apenas iniciado) acerca de la decadencia del periodismo. Así fue esta decepcionante conversación, que para mucho de nuestros periodistas estuvo llena de detalles “geniales”, y que al día siguiente citaron profusamente en sus columnas de opinión.

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